UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Real Cédula del 9 de Febrero de 1801, en el cual, el rey Carlos IV autoriza la creación del Colegio de Franciscanos.

En los tiempos coloniales la sociedad antioqueña dependía de los colegios y universidades bogotanas y de los seminarios payaneses para la educación de sus hijos. Desde finales del periodo colonial los vecinos de la Villa de Medellín, actual capital del Departamento, solicitaron a la Corona Española permiso para crear un colegio convento.

Esta iniciativa logro su cometido en 1801, por medio de la real Cédula del 9 de Febrero del mismo años, en el cual, el rey Carlos IV autoriza la creación del Colegio de Franciscanos. Esta primera fundación Franciscana inicio sus labores en el año de 1803, con la enseñanza de la gramática, la Filosofía y el latín, en un local del costado norte de lo que hoy es el Parque de Berrío, bajo la dirección de Fray Rafael de la Serna. El 2 de agosto del mismo año se puso la primera piedra y se inicio la construcción de lo que actualmente es, en la Plazuela de San Ignacio, el Paraninfo, Aula Máxima de la Universidad.

El Real Colegio de Franciscanos entró en receso con la revolución de la independencia de Colombia, pero sirvió de base para las cátedras de gramática y filología que dictaron los procesos de la independencia Miguel y José Félix de Restrepo. En 1822, consolidada la independencia nacional, el Vicepresidente de la República, General Francisco de Paula Santander, promovió la instauración de un nuevo plan educativo en el plantel, que adquirió el nombre del Colegio de Antioquia.

Cinco años más tarde el Presidente Simón Bolívar concedió la autorización para impartir enseñanza en jurisprudencia.

Una vez establecido el nuevo colegio, se terminó el edificio que había empezado Fray Rafael de la Serna; sin embargo, con el correr de los años la institución tuvo diferentes denominaciones, que corresponden a las exigencias que el proceso histórico, político, económico y social impuso. En 1822 se llamó Colegio de Antioquia; en 1832, Colegio Académico; en 1853, Colegio Provincial de Medellín, y en 1860 tomo el nombre del Colegio del Estado, el cual coincide en un periodo de 10 años de tranquilidad política, lo que propicio la transformación del colegio en institución de educación superior, organizada en torno a la escuelas y con la potestad de otorgar títulos profesionales en las diversas áreas del conocimiento. En la gobernación de Pedro Justo Berrío, se convirtió en Universidad de Antioquia el 14 de diciembre de 1871.

La vida de la institución por aquellos años, estuvo marcada por la por la estabilidad y el desarrollo regional a través del excelente desempeño de sus egresados, como abogados, jueces, médicos, artesanos y maestros en las diferentes localidades antioqueñas. Este periodo de largo avance en cuanto al número de alumnos, profesores y cátedras impartidas, así como por el número de graduados, se vio frenado en 1876 con el estallido de una de las guerras civiles más desastrosas que se presentaron en suelo antioqueño.

Permaneció cerrada hasta 1878, reinicio labores con 76 estudiantes y con un cuerpo docente reducido a su mínima expresión. Resurgió con el nombre del colegio Central de la Universidad y sin escuela de medicina.

A partir de 1881 un ex alumno, el abogado e historiador Álvaro Restrepo Eusse, asumió la rectoría del plantel y empezó la recuperación del tiempo perdido. Los estudios de medicina avanzaron enormemente gracias a las practicas que realizaban los estudiantes en el Cementerio San Lorenzo y en el Hospital San Juan de Dio.

Un año después, la universidad de Antioquia recuperó su nombre y puso en funcionamiento las facultades de filosofía y Letras, Jurisprudencia y Medicina.

En 1918 empezaron a funcionar en edificios independientes las facultades las facultades profesionales que entonces existían, lo mismo que las creadas posteriormente, a cargo de los respectivos decanos o directores, sin que la separación de material haya roto la unidad universitaria, mantenida por el rector, y el consejo directivo de la Universidad.

En los años noventa se caracterizo por un nuevo perfil del estudiante y del profesor. En 1993, el proyecto universitario se enmarcó en cuatro puntos en los cuales se consideraba la sociedad como valor fundamental en las actividades universitarias: apertura a las distintas corrientes del pensamiento, la ciencia y la técnica; construcción de alianzas estratégicas con las organizaciones civiles, productivas y con el Estado; desarrollo de una ética creadora de puentes entre los distintos estamentos universitarios; y la aceptación de la universidad como bien público.

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